Contraportadas de libros

Se dice que no hay que juzgar un libro por su portada. Estamos de acuerdo: hay textos infinitamente superiores a las habilidades del diseñador. Pero ¿y las contraportadas? Ahí sí que podemos juzgar, y con razón. Presentamos aquí veinte contraportadas que nos gustan —y otras que no tanto.

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Dos contraportadas muy distintas pero bien resueltas: la de Grand Central Publishing (izquierda) contiene mucha información, pero presentada de una forma que (a) puede ser ignorada y sigue teniendo relevancia estética o (b) puede ser leída con orden y elocuencia. La de Minúscula (derecha) no dice nada, pero no lo necesita en absoluto: el libro es atractivo como es: no le sobra ni le falta nada. El minucioso trabajo tipográfico en ambos casos es notable. Y quizá una cosa más: las dos formas de pensar, anglosajona e hispana, se pueden apreciar aquí, de manera ejemplar, en sus contrastes y virtudes: vean los colores, los tamaños; la intención detrás de cada objeto.

Algunos ejemplos de contraportadas que nos hacen dudar:

Las contraportadas son lo último que leo de un libro, y muchas veces ni siquiera llego a leerlas, porque no le aportan nada al texto, casi siempre le restan, más bien. Pero en muchos países —en donde los libros no se pueden hojear— son la única comunicación que el editor tiene con el posible lector.

Jacobo Zanella (1976) es uno de los editores de Gris Tormenta. Tiene una serie sobre procesos editoriales en Letras Libres.

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Gris Tormenta es un taller editorial que imagina, edita y publica libros que reflexionan sobre la cultura y el pensamiento contemporáneo.

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