Voces editoriales: una conversación con Gris Tormenta, Antílope y Herring Publishers

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Eduardo de la Garma (EG): Hoy nos acompañan Gris Tormenta, Antílope y Herring Publishers, tres editoriales distintas que comparten la libertad de publicar lo que sea. La primera pregunta para sus editores es ¿por qué publicar libros? ¿Cómo llegaron a publicar? ¿Cómo editan?

Jacobo Zanella (JZ): Me gusta la edición porque es un trabajo muy minucioso. Los calendarios editoriales exigen un proceso muy disciplinado, pues hay constantes y hay que tomar decisiones sobre la marcha. Para mí es un trabajo muy silencioso, de mucha lectura y relectura, y eso va muy bien con mi personalidad. Cuando apareció la idea de Gris Tormenta, me emocionó poder dedicarle meses o años a un proyecto que nadie sabe que estás haciendo y que un día aparece. Al principio, tal vez con cierta ignorancia o inocencia, pensaba en las antologías como una manera muy fácil de iniciar; como el reflejo de un proyecto más lúdico, más sencillo de hacer, y en el que podías tener contacto con más autores. No sé si hoy no lo decidiríamos así, pero en ese momento parecía una buena idea iniciar con antologías.

Astrid López Méndez (ALM): Compartimos esa intuición: creo que ahora no haríamos lo mismo, porque si vas a hacer una antología de veinticuatro textos, en realidad haces veinticuatro libros, porque cada autor tiene sus peticiones y manías. Entonces, cada texto tiene que ser trabajado minuciosamente. Al contrario de Jacobo, la selección de los autores para nuestra primera publicación involucró ruido y griterío y conversaciones de por qué sí incluir a un autor y por qué no a otro. Todo el tiempo tenemos conversaciones sobre cómo deben de ser los libros, tomando decisiones colectivamente. Aunque cada uno tiene distintos intereses literarios, hemos compaginado nuestras diferencias para poder hacer este proyecto juntos. Nuestro primer libro es ; que reúne una selección de poetas y narradores mexicanos contemporáneos para tratar de mostrar la variedad ensayística y poética que se está haciendo hoy.

Oliver Herring (OH): Herring Publishers publica autores locales porque me permite trabajar personalmente con el escritor, el impresor, el ilustrador. Se vuelve una labor colectiva sin intermediarios, sin pensar en el éxito ni en las ventas. Creo que soy el menos suicida de los tres porque si hago cien libros de un poeta queretano y no vendo ni uno, no pasa nada. Pero se vuelve interesante cómo se hace una comunidad de lectores. No a todos les gusta el catálogo completo, prefieren escoger a su autor favorito, pero se va haciendo esa comunidad. Para mí la edición es una especie de juego porque es una labor contraria a mi personalidad: soy irresponsable, me gusta el hip-hop, tengo letra fea, no tengo orden. Me gusta que editar en la computadora se sienta como un juego.

EG: Y hablando de sus catálogos, ¿cómo definen el gusto de la editorial? ¿Por qué publican lo que publican?

JZ: Nuestras antologías empiezan con la lectura de un texto detonante. Aparecen en un momento totalmente inesperado: un jueves en la noche o un domingo en la mañana podemos encontrar un párrafo, una página o un ensayo alrededor del cual creemos que pueden girar otros textos —o convertirse en el primer ensayo de una antología. Un texto breve que te hace imaginar un libro mucho más grande. Y en ese proceso nos complementamos: a veces se me ocurre una idea para un libro y Mauricio propone a los autores —o viceversa. Por ejemplo, Mauricio dijo un día: «Hay que hacer una antología de migración». Y le respondí: «Pero la migración está por todos lados. Abres un periódico o prendes la televisión o visitas una red social y te la encuentras en forma de foto, video, nota de prensa o crónica; se me hace muy repetitivo». Y preguntó: «Si tuviéramos que hacer un libro de migración, ¿cómo lo haría Gris Tormenta?». Noté que todo lo que leía en esos medios era informativo, periodístico. Pero yo había leído literatura de migración, y no estaba en ningún lado —o estaba desplazada por el resto de esos medios. Pensamos entonces en mostrar la migración desde una perspectiva literaria, desde la memoria. Empezamos a recordar qué libros habíamos leído donde se intersectaran esas dos variables. Encontramos muchos textos de autores que fueron migrantes y luego escribieron sobre cómo eso los cambió, no desde la crónica o el activismo o la información, sino desde dentro, tratando de narrar una experiencia íntima. Algunos escribían después de un año de haber migrado, pero otros lo escribían después de quince. Pensamos que esa era una forma de aproximarse al tema que nos gustaba mucho leer: no con una estadística, no con un encabezado, sino con una emoción o con un pensamiento, y eso es lo que queremos: hacer antologías que se pueden leer ahora, que se pudieron haber leído hace cien años o que se pueden leer dentro de cien y el sentimiento va a ser el mismo.

ALM: En Antílope es parecido. Las ideas van saliendo y las discutimos, pero siempre hay un ejercicio para ponernos de acuerdo. Claramente tenemos gustos muy distintos. Sin embargo, cuando es un libro que nos llega a todos de alguna forma, es mucho más sencillo elegir. Esto ha pasado con nuestros libros hasta ahora. En un principio todo es muy vago y no sabes con certeza si se va a publicar o no, pero cuando llega el momento de la lectura se decide todo: es como el encuentro definitivo con el autor.

OH: Es más fácil cuando un texto te gusta al instante. A veces no sabes qué decirle al autor cuando no te atrae su propuesta. Si hay mucha confianza, hago comentarios. Hace tiempo la editorial tuvo una presentación, acompañada de algunos autores que explicaron el tema o el argumento de sus textos. Ahí tuve la perspectiva de mi gusto. Pensé: «¿Esto es lo que me gusta? ¿Esta es mi propuesta?». Y fue tan notorio, que una persona se acercó con ganas de escribir cosas iguales o mejores a las del catálogo de la editorial basándose en sus experiencias en Ámsterdam. Descubrí que el rumbo que ha tomado el catálogo —y que es mi gusto— tiende a lo oscuro y sucio, lo . Pero esto lo fui descubriendo junto con los autores. Fue una dinámica interesante.

EG: ¿Qué es lo que más odian de su trabajo? ¿Con qué problemas se encuentran?

ALM: No sé si lo odio, pero creo que el problema más difícil que enfrentamos, por lo menos las editoriales independientes, es la distribución. Es decir, a mí me encantaría que fuera mucho más fácil transportar los libros a eventos como este, por ejemplo. En eso definitivamente no hay manera de competirle a otras editoriales. El aparato de distribución que tienen las grandes editoriales es definitivamente incomparable. Los libros se van abriendo paso y, en ese sentido, van encontrando a sus lectores. Pero a veces esa conexión tarda. A mí me gusta pensar que espacios como La Comezón ayudan a que la distribución se haga más rápida —y muestran que hay posibilidad de actuar frente a ese problema. Un reto que hemos enfrentado es el recorte presupuestal a programas de apoyo a la edición de libros. Nos adaptamos a las circunstancias y proponemos soluciones, porque no vamos a dejar de editar. Por ejemplo, hemos hecho ediciones conjuntas con otras editoriales independientes que pasan por situaciones similares para que no salga tan caro.

JZ: Yo no encuentro nada que no me guste, pero sí hay algo que me sigue sorprendiendo. Hacemos dos tipos de antologías: las comisionadas —donde se piden textos a ciertos autores— y las de textos que ya existen. Las que se comisionan se imaginan de una forma, pero los textos que llegan no se parecen a los imaginados, son muy distintos, es como otro libro. Eso me cuesta trabajo, pero no llego a odiarlo. Como nadie conoce la antología que me imaginé al principio, entonces solo yo me decepciono. Y no lo voy a poder cambiar. No puede ser un libro mío. Es como si sembraras un árbol y te lo imaginaras de una forma, pero el árbol siempre crece de otra.

OH: Pienso en ese dicho: «Pueblo chico, infierno grande». Cuando le dices a un autor local, te conviertes en el peor, en el enemigo. A veces haces una sugerencia para que el texto mejore y la gente se va ofendida: dicen que no sé de lo que estoy hablando o que ellos consideran su trabajo listo para ser publicado y leído por todos. Pero te das cuenta de que no, por eso haces la sugerencia. No me gusta que quede ese pequeño conflicto con algunos autores. Cuando pasa lo contrario, trabajas cómodamente, te diviertes en las reuniones con el escritor y no hay problema si haces comentarios sobre un error. A veces no te gusta, aunque no tienes los argumentos para explicar por qué, pero ese es otro caso. También tengo cuidado de no ofender.

EG: Gris Tormenta tiene un blog donde publica artículos relacionados a sus libros o al mundo editorial. Hay uno donde explican «cómo se reparte el dinero» cuando alguien compra uno de sus libros.

JZ: Sí. Tomé un precio real de un libro nuestro y describí en una publicación breve cómo se distribuye ese monto cuando alguien lo compra. El que más gana es el librero, en segundo lugar el distribuidor: las personas que nada tienen que ver con el libro. El editor, en realidad, recibe otras recompensas. Pero hice todo el cálculo con referencia a nuestros tirajes, que son mínimos: mil o menos. Si imprimes diez mil o cien mil de cada título, como algunas editoriales trasnacionales, es otro tipo de negocio; hay grandes estrategias de mercadotecnia detrás de los libros.

EG: ¿Cuáles son las satisfacciones de su labor como editores?

JZ: Hay satisfacciones que no se ven. Una es que puedes leer o escribir todo el día sin sentir ningún tipo de culpa. También hay satisfacciones hacia afuera. De nuestra colección Editor —que habla de todo lo que no sabemos de los libros (el tras bambalinas de la literatura)— hemos tenido muy buena respuesta. Pensábamos que era una colección de nicho, no dirigida tanto al lector general, sino a editores, traductores, lectores más avanzados, pero no, la respuesta ha sido amplia. Cuando pedimos los derechos del libro que hicimos de Thomas Bernhard, les explicamos cómo era la colección y cuál era el libro anterior (). Al día siguiente nos dijeron que sí. No estábamos preparados para eso, es decir, nos sorprendió mucho. Nos dijeron que les gustó la idea detrás de la colección. Otra satisfacción que yo tengo con ese libro de Bernhard es que le pedimos a Andrés Barba que hiciera el prólogo. No lo conocemos, él no nos conoce, pero dijo que sí de inmediato. (Antes le habíamos hecho llegar para que nos conociera, y creo que le gustó.)

ALM: Ya tengo tiempo trabajando en edición de libros. Antílope ha marcado una diferencia porque ha construido una comunidad en la que caben otros editores, otras editoriales, muchos autores, muchos lectores. Es decir, se va nutriendo nuestro entorno a partir de lo que vamos publicando, porque no solo se acercan los autores buscando publicar, sino también los lectores preguntado qué novedades habrá en el año. Eso es una confianza que no se espera y agradecemos. Además, encontramos a compañeros que están en la misma sintonía, y eso te da energía para trabajar.

OH: Siento mucha satisfacción cuando alguno de los autores de la editorial recibe un premio literario, es publicado en otros países o ya está en su segundo libro. También es agradable cuando ves en una exposición que uno de los artistas colocó en su biografía, y en letras grandes, «Herring Publishers». Logras tener una marca que hace que te identifiquen y te llamen los periodistas de cultura de varios medios. También es satisfactorio que se acerquen a pedir ayuda para producir otro tipo de productos y catálogos.

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Gris Tormenta es un taller editorial que imagina, edita y publica libros que reflexionan sobre la cultura y el pensamiento contemporáneo.

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